Últimamente me he hecho un perfil en una página de esas que llaman “de redes sociales”. En Facebook. Me dí cuenta de que había muchos perfiles que pertenecían a personas mayores. No la gran mayoría, pero sí una cantidad considerable. Las redes sociales te permiten ampliar el círculo relacional, y mantener contacto con personas que se encuentran físicamente alejadas de uno. En ellos se pueden colgar fotos, vídeos y comentarios. A través de visitas a los perfiles de tus amigos, puedes enterarte de las novedades que han ocurrido en sus vidas, o ver en sus fotos cómo ha cambiado su aspecto. Además, las redes sociales te permiten participar en foros de debate sobre temas que te interesen, o expresar tus opiniones con respecto a cualquier asunto.
Al ver tantos perfiles de personas mayores de 50 o 60 años, me sorprendí. Me causó asombro porque no imaginaba que ese tipo de redes pudiera interesar a ese tipo de población.
Y luego me puse a pensar en la cantidad de puertas que abría este tipo de webs en la vida de estas personas. Un sinfín de posibilidades (tan infinitas como son los límites de Internet) vendrían a revolucionar esas vidas. Ya la televisión, la peluquería o el banco del parque no serían las únicas vías en las que esas personas podían aprender del mundo, o hablar sobre él. Ya los bloques de vecinos no serían el único lugar en el que se puede conocer gente.
Creo que este tipo de webs son también una forma de educación. Y visto lo visto, de Educación de Personas Adultas. Sería muy positivo que se explotaran las oportunidades que se ofrecen en ellas en los centros de adultos. Porque amplían los horizontes de una forma espectacular.
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