Todos, en el fondo, sabemos lo importante que es formarse. Educarse para para asegurarse un futuro, si se es joven, o para superarse continuamente, si se es un poco menos joven.
Formarse para aprender, para adquirir conocimientos, por el gusto de ampliar el propio bagaje cultural. Por sentirse útil en una sociedad que no valora la edad como un factor positivo (ya la persona no produce, por lo que deja de ser necesaria en una sociedad demasiado capitalista e indolente.
Por eso, centros como el de Vicálvaro de Madrid, son indispensables y necesarios. Centros de educación no reglada. Museos de conocimientos, bancos de oportunidades, en los que sueños tan dispares como el de un joven de diecisiete años o una mujer de cuarente y siete pueden hacerse realidad.
Porque se trata de aprender. Aprender a no tirar la toalla, a no renunciar a los sueños. Formarse, porque nunca es tarde si la dicha es buena.
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