El otro día, en clase, la profe Amparo nos contó algo que se me quedó grabado en los oídos y en el corazón. Hablaba de un centro de adultos, de una mujer mayor que le había dicho en clase: "Si es que yo no me quiero morir sin aprender a leer".
Es increíble cómo algo puede cobrar una importancia desmesurada si se sabe apreciar. Yo recuerdo mis días en el colegio, cuando me enseñaban a leer... ¡Cómo odiaba entonces los libros! Cada tarde era un suplicio abrir el libro de Lengua y empezar a pelearme con aquellos garabatos que la maestra llamaba "letras".
Después crecí, y decubrí el universo maravilloso que se esconde entre las páginas de cada libro. Aprendí que, más allá de aquella frase de "Mi mamá me mima", existían países como el de Nunca Jamás, y seres tan intrépidos como Willy Fog. Aprendí a soñar con cada libro. Aprendía a aprender con cada libro. Se abrieron ventanas y puertas ante mis ojos, y empecé a descubrir la sabiduría que encierra una biblioteca, o la triste delicadeza de aquella desgarradora frase de Neruda: "puedo escribir los versos más tristes de esta noche..."
Y comprendí. Comprendí a aquella buena mujer. Comprendí lo difícil que tiene que haber sido vivir inmersa en una sociedad en la que todo se escribe (desde los mensajes hasta los letreros de las tiendas). Vivir en un mundo de letras y no entender nada. Ser ciega, muda y sorda. No poseer la capacidad de expresarse por escrito, ni de entender los mensajes no verbales. Y entendí su sueño loco y desesperado. "Quiero morirme sabiendo leer..."
Y encontrar la oportunidad de hacerlo realidad en una Centro de Adultos, cuando crees que la vida ya va cerrándose para ti... Tiene que ser increíble. Ojalá algún día, antes de cerrar los ojos para siempre, esa buena mujer abra un libro, y contemple con ojos sabios aquellas letras (comprensibles ahora) que decían:
"Puedo escribir los versos más tristes de esta noche
La noche está estrellada
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos..."
Y si entonces miráramos los ojos de aquella mujer, y viéramos la emoción contenida en ellos... Entonces entenderíamos que todo esto de los Centros de Adultos, y de la Educación Permanente tiene sentido. Porque aquella mirada seguro, seguro... es capaz de dárselo.
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